10 de Julio de 2005
Tras despertamos más tarde que el resto (acto que pagaríamos más tarde) partimos sobre las 7:30. A Juanvi le costó bastante levantarse como era de preveer.
Y la verdad es que el primer día nos deparaba una primera subida que para Pili no fue nada pero para nosotros (que seguíamos pagando la novatada) fue una primera subida mortal; la subida al puerto del Acebo.

De Camino de Santiago

De Camino de Santiago

Pero tuvo su recompensa pues tras la subida nos esperaba un bar regentado por una señora muy amable que nos cocinó unas bocadillos que nos dieron fuerzas para seguir el duro camino.

De Camino de Santiago

De Camino de Santiago

El sol hacía mella ya, debido a lo tarde que habíamos partido (sí las 7:30 en el camino es tarde, increíble). Poco después atravesamos la frontera entre Lugo y Asturias. Pronto las conchas tendrían el sentido inverso a las actuales de Asturias.El camino a Fonsagrada quedaba libre pero ¿Por qué había que subir y bajar? ¿Por qué no era el camino recto? La verdad es que injuriamos a quien hizo ese camino estilo montaña rusa.
En un momento del camino estuvimos a punto de pasarnos una flecha que desviaba el camino hacia la montaña. Juanvi se dio cuenta cuando Guti y Muri se la habían pasado. Pero había un caballo que tapaba el camino y de no ser por Pili y cia, que desde la lejanía nos avisaron, no se que hubiera pasado. Pasamos por delante del caballo con mucho cuidado y seguimos nuestro camino.

De Camino de Santiago

Seguimos esa parte del camino con Pili y cia y al llegar a Fonsagrada fuímos rápidamente a preguntar por la gran meta de Muri para ese día; el pastel de Fonsagrada mencionado en la guía (maldita guía). Pero nos dijeron que había que encargarlo con una semana de antelación. Es lógico; yo estoy en Madrid y encargo el pastel de Fonsagrada calculando justo el día que voy a llegar a una pastelería que no conozco. Sin comentarios.

De Camino de Santiago

De Camino de Santiago

Tras el primer duro golpe del pastel llegó el más doloroso para las piernas. La maravillosa y exacta guía aseguraba que el cura Ramón nos daría cobijo y agua todo el tiempo que quisiéramos aparte de refugio para dormir. Pero enseguida descubrimos, gracias al Samur, que el cura Ramón había huido dejando a los peregrinos tirados. Así que había que andar (gol por toda la escuadra) hasta el siguiente pueblo, Padrón, que es donde estaba el refugio. Ese camino a Muri y a Juanvi se les hizo eterno y sus caras lo decían todo. Guti en cambio parecía haber recuperado fuerzas pues fue con Pili, imagen que no se volvería a repetir en todo el camino.
El refugio era de gran calidad y palió en gran medida el cansancio. Pero quedaban más sorpresas. Llego la hora de ducharse y Juanvi y Muri se encaminaron a las estancias del Samur que estaban justo al otro lado de la carretera. La llave se suponía que estaba debajo del felpudo de la entrada. Pero tras levantar todo lo que se podía parecer a un felpudo no encontramos la llave. En un acto de fe nos fuímos a investigar a la parte de atrás del edificio y había unas escaleras que subían arriba. Milagrosamente la entrada estaba al final de esas escaleras y la llave debajo de ese felpudo. Coño, podían haber dicho que la entrada no está en la parte de adelante, porque joder el tiempo que estuvimos allí.
Pero claro las sorpresas no paraban. Juanvi se disponía a darse un merecido baño de agua caliente tras una dura caminata pero el agua salía fría. Tras encargarle a Muri , que estaba fuera, la “dura misión” de encender el calentador esperó unos minutos. Pero el agua caliente brillaba por su ausencia y como Muri aseguraba que lo había encendido Juanvi optó por ducharse con agua fría (pero fría de verdad).Posteriormente Muri se duchó también con agua fría. Y luego se descubrió que Muri durante el camino se había vuelto un poco más cretino porque no había encendido el calentador. El mamón sólo había girado la rosca sin encender la mecha ni abrir el gas. Lo dicho un cretino. Tras ducharse todos, nos fuimos a Fonsagrada a cenar (sí, andamos otra vez hasta Fonsagrada). Guti que ahora si sentía cansancio y debilidad se chocó con el espejo de un coche torpemente de camino al restaurante. En la cena se vivió uno de los momentos más críticos del viaje. Se habló incluso de coger un autobús ante la poca fe que había de llegar a Compostela andando e incluso de dejarlo e irnos a la playa, a casa de guti en Alicante. Pero por alguna extraña razón (posiblemente el pulpo y demás platos de la cena nos dieron fuerzas) decidimos ver como pasábamos el día siguiente.

De Camino de Santiago

Como última anécdota comentar que en el diario que había en el refugio en el cual se podía y debía firmar, encontramos la firma de Arnaud Kreber con lo que el mito se consolidaba. Se acabó el primer, y tal vez más duro, día.
PD: Segundo día sin As.

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