Hoy inauguro una serie de posts dedicados a contar mi experiencia en el Camino de Santiago, que realicé en verano del 2005 con unos cuantos amigos locos y sin ir muy preparados para el mismo, la verdad sea dicha.
Espero que este diario redactado con una nota de humor, pero veraz en todos sus datos os sea de utilidad a todos aquellos que lo vayáis a realizar y en el peor de los casos os arranque una risa que tampoco viene mal en los tiempos que vivimos.

Día 0 Grandas de Salime
9 de Julio de 2005
Una bonita mañana del 9 de julio del 2005 nos levantamos de nuestras, más tarde añoradas, camas a eso de las 6.00. Habíamos quedado en el metro Goya a las 6:45. Tras un desayuno en estado de noctambulismo todos empezamos el camino al salir de casa (recordad “el camino empieza en la puerta de casa”) camino de Goya.
Guti y Juanvi llegaron a la hora establecida y les tocó esperar a Murillo que, como siempre, llegó unos minutos tarde. Para continuar la mañana con ánimo, nos dimos cuenta que la estación de metro de Chamartín estaba cerrada por lo que tocó andar desde Plaza de Castilla (metros que parecían insignificantes, aunque más tarde no tendríamos ese concepto de los metros…).
El viaje en tren fue curioso con Juanvi durmiendo gran parte del viaje. Sólo los gritos de dos hombres hablando por el móvil consiguieron despertar a Juanvi de su bonito sueño. Era curioso porque en un momento dado uno de los hombres le aseguraba a la persona con la que mantenía la conversación que estaba en “el hospital”; sin comentarios, es la ventaja del móvil. Mientras Juanvi seguía durmiendo Guti, como siempre, la liaba en la cafetería, a la que Muri y Guti tardaron cinco minutos en llegar atravesando vagón tras vagón. Estaba Guti apoyado en la puerta cuando esta se abrió y Gutipan casi se descalabra. Después quiso ocultar los hechos a Juanvi pero Murillo desveló la trama. Tras llegar a Oviedo (Territorio de Fernando Alonso y Jardón, el sucio traidor por el que nos embarcamos en el camino) esperamos el bus a Grandas de Salime. Y el bus nos deparaba un viaje espectacular.
Tras montarnos en un bus más bien modesto observamos que las paradas en cada pueblo se alargaban enormemente debido a que el conductor se ponía a charlar con la gente de cada pueblo además de entregar y recoger paquetes “sospechosos”. El bus se iba quedando vacío al mismo ritmo que la carretera iba picando hacia arriba con curvas totalmente sinuosas: la verdad es que nos habíamos librado de subir andando ese pequeño infierno y eso al final se notaría en las piernas. El viaje también tuvo un par de interesantes actores secundarios en forma de acompañantes de Gutican; a destacar el yonki pueblerino que tenía un aspecto lamentable, amen de no abrir la boca en todo el viaje, y la señora que a punto estuvo de caer encima de Guti al hacer un movimiento brusco el autobús cuando estaba buscando sitio. Se agarró a la silla y en un giro de 360º se sentó al lado de Guti de manera brusca.
Tras cuatro horas de bus a las que había que sumar las cinco de tren llegamos a nuestro punto de partida: Grandas de Salime. Después de preguntar y dar algún paseo de más por el pueblo nos enteramos que el refugio estaba en el mismo edificio que la policía local (mal augurio). Y aquí sucedió algo que marcaría el resto del viaje: el encuentro con Arnaud Kreber.

De Camino de Santiago

Nada más dejar las mochilas en las literas (y comprobar que el refugio era bastante precario con una sola ducha, espacio muy reducido y nulo equipamiento) nos encontramos con un señor de unos 65-70 años de pelo canoso y ceño fruncido que nos saludó en un correcto inglés. Era curioso porque observamos que llevaba colgado al cuello una concha de peregrino y un mapa plastificado. Tras hablar unos minutos con él ese hombre pasó a ser un mito y un ejemplo a seguir en la vida: aseguraba venir andando desde Holanda por el Camino Francés y en estos momentos estaba regresando desde Compostela a su tierra natal por el Camino Primitivo. Calculaba que había andado unos 2800 km a la ida y andaría otros tantos a la vuelta. Llevaba meses fuera de casa. Sin palabras. Destacar dos frases de la conversación: Muri: From Holland Walking? (ingles de vallecas de Muri) Juanvi: It’s a joke?(con cara de incredulidad).

Después conocimos a varios madrileños que se iban ese día por cuestiones laborales del padre y a otros tres personajes que serian determinantes en nuestro camino: Pili y su tropa. Pili era una mujer valenciana de pelo corto, rubia, delgada pero con unas piernas imponentes que daban la sensación de poder subir el Tourmalet sin pestañear.

Tras estos primeros contactos, nos dirigimos a dar una vuelta por el pueblo en el cual hay que destacar un museo etnográfico, perfectamente cerrado, un parque conmemorativo y una iglesia no muy cuidada. Poco mas se puede comentar ya que el pueblo era realmente pequeño.

De Camino de Santiago

De Camino de Santiago

A todo esto Guti y Juanvi se dieron cuenta de que no habían traído papel higiénico en su equipaje y lo compraron antes las risas de Muri. También observamos el imperio que Luisin y Candelas (sin duda familia de Guti) tenían en forma de empresas por la zona. Nos fuimos a un bar que estaba muy cercano al refugio a firmar la credencial y posteriormente cenamos en otro bar un poco más lejano una comida abundante, de buena calidad y a buen precio donde nos servíamos la cantidad deseada de cada comida pues te dejaban el cazo para que te sirvieras. A destacar las judías blancas. Tras quedar satisfechos nos fuimos al refugio donde observamos como nuestros amigos peregrinos estaban ya preparados para dormir. Juanvi se acostó el primero, como no, mientras que Guti y Muri, cretinos ellos, se quedaron fuera hablando. Cuando quisieron irse a la cama se dieron cuenta de que si subían a la cama que en su caso era la una litera en un tercer piso de altura el ruido que hacían era elevado además de tener las camas poca estabilidad. Fue una autentica odisea para Guti que acabo subido a la ventana del refugio para subir a su cama. A todo esto el olor a alfalfa era tremendo en el refugio ya que había unos vasco-franceses que venían con una mula, y la montura la habían metido dentro del refugio. La mula estaba fuera y se había escapado ya una vez dándose un paseo por el pueblo hasta que alguien la devolvió al refugio. Curiosos compañeros de viaje sin duda. Con esto y mientras Arnaud Kreber se quejaba por el ruido, enfundado en su pijama de una pieza, el día acabó. Empezaba lo más duro.
PD: Primer día sin As.

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